Mientras el cielo se oscurece sobre mi patio, ajusto el circulo concéntrico del buscador de la Polar con paciencia. La noche es clara, el aire está quieto y una franja de estrellas se alza sobre el horizonte. Apunto hacia la constelación de Virgo, y poco a poco, en la pantalla, comienza a revelarse un conjunto de galaxias. Lo que aparece ante mis ojos es la cadena de Markarian.
Fue descubierta por el astrónomo armenio Beniamin Markarian, en la década de 1980. Es una alineación asombrosa de galaxias que parecen formar una cadena, una especie de collar cósmico que flota a unos 50 millones de años luz de nosotros. Pero más allá de su belleza visual, lo que atrae mi atención son dos pequeñas galaxias en particular, justo en el corazón de esta agrupación: NGC 4435 y NGC 4438, conocidas como los ojos de Markarian.
Y es que, cuando las ves con atención, parecen eso: dos ojos abiertos, fijos, contemplando desde el abismo del espacio profundo.
NGC 4435 es una galaxia lenticular barrada, elegante, con un anillo de polvo alrededor de su núcleo. En su interior guarda una historia turbulenta: una población de estrellas jóvenes que nacieron hace unos 190 millones de años, posiblemente como resultado de un encuentro cósmico con su vecina, NGC 4438. La observación del Telescopio Espacial Hubble revela que esta galaxia, aparentemente serena, vivió un pasado agitado. Como si debajo de su superficie calma, aún se manifestasen las huellas de un pasado violento.
NGC 4438, por su parte, es aún más enigmática. Ha sido descrita como espiral, como lenticular… como ambas y como ninguna. Su forma está visiblemente distorsionada, como si la gravedad hubiera estirado sus brazos y la hubiera doblado sobre sí misma. Su núcleo muestra actividad, y ha lanzado chorros de gas en direcciones opuestas, formando estructuras que aún hoy desconciertan a los científicos.
Todo apunta a una colisión, una interacción cercana y poderosa con su vecina. Se calcula que ambas galaxias se acercaron hace unos 100 millones de años, apenas a 16.000 años luz una de la otra. Un pequeño roce cósmico.
Pero como todo en el universo, no es tan simple. Aunque la evidencia parece señalar que están interactuando, algunos astrónomos dudan. Sus velocidades relativas —medidas por el desplazamiento al rojo— son diferentes, y NGC 4435 no muestra las heridas esperadas de un choque tan cercano. ¿Están realmente ligadas? ¿O es nuestra perspectiva desde la Tierra la que las alinea y nos cuenta una historia que no existe?
La cadena de Markarian no es solo un grupo de galaxias: es una historia que aún estamos tratando de leer. Cada galaxia allí tiene su propio pasado, su propia trayectoria. Algunas se acercan, otras se alejan. Algunas colisionan y se funden. Otras simplemente se rozan, lo justo para cambiar el rumbo de ambas para siempre.
Porque cuando uno observa el cielo, en realidad no solo ve el pasado. Ve relaciones. Ve encuentros y despedidas. Atracción y transformación. Ve cómo, incluso en el universo, nada ni nadie queda igual después de acercarse demasiado a otro.
Y quizás —solo quizás— esas galaxias que llamamos los ojos no están mirando hacia afuera, sino hacia nosotros.
NGC 4435 y NGC 4438 - 80ED - 533MCPRO - L-PRO - 62L - 30SEG - BIN1 - GAIN100 - T-20ºC




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