
La Araña y la Mosca: donde las estrellas aprenden a nacer
IC 417 · Auriga
Hay lugares del cielo que parecen tener nombre antes de que nosotros se lo demos.
Mira esta imagen.
A primera vista, quizá veas una nube rojiza que se extiende sobre un fondo lleno de estrellas. Pero si dejas que la mirada se detenga un poco más, empiezan a aparecer las formas.
Una araña.
Y, cerca de ella, una mosca.
No son realmente una araña ni una mosca, por supuesto. Son dos regiones de gas y polvo situadas en la constelación de Auriga, a unos 6.500 años luz de nosotros: IC 417 y la nebulosa NGC 1931.
Pero las formas que reconocemos en el cielo tienen una curiosa virtud: nos ayudan a mirar.
Y esta imagen merece que nos detengamos.
Para conseguirla hicieron falta 285 exposiciones, acumulando 4 horas y 45 minutos de luz.
Cada una de esas fotografías contiene apenas una pequeña cantidad de información. La imagen final nace después de reunirlas, calibrarlas y combinarlas hasta conseguir que una señal extremadamente débil pueda emerger del ruido.
Es una buena metáfora de lo que ocurre también en el universo.
Porque IC 417 es, precisamente, un lugar donde algo está emergiendo.
Estrellas.
A unos 6.500 años luz, una enorme nube de gas y polvo está siendo iluminada por estrellas jóvenes.
IC 417 forma parte de una región de formación estelar en Auriga. Allí se encuentra Stock 8, un cúmulo de estrellas jóvenes, y una estructura conocida como Nebulous Stream, una corriente o filamento de nebulosidad en cuyo interior se han identificado numerosas estrellas en las primeras etapas de su vida.
No estamos viendo una fotografía de estrellas terminadas.
Estamos viendo un paisaje de nacimiento.
Y eso cambia la forma de mirar la imagen.
Las zonas brillantes dejan de ser simplemente manchas de color. Son gas que está recibiendo energía. Las regiones oscuras no son agujeros en el cielo, sino concentraciones de polvo que bloquean la luz que hay detrás.
La nebulosa no es un decorado.
Es materia.
Materia que está participando en la construcción de nuevas estrellas.
Los astrónomos han identificado en IC 417 centenares de objetos estelares jóvenes, algunos de ellos todavía profundamente inmersos en el material del que nacieron.
Una estrella no aparece de repente.
Primero existe una nube.
Después, alguna perturbación hace que determinadas regiones comiencen a colapsar bajo su propia gravedad.
El material se concentra.
La temperatura aumenta.
Y alrededor de la futura estrella puede formarse un disco de gas y polvo.
En ese disco, mucho antes de que podamos hablar de un sistema planetario completo, ya están presentes algunos de los ingredientes que podrían acabar formando mundos.
Cuando miramos una región como IC 417, estamos mirando una etapa que nuestro propio Sol atravesó hace unos 4.600 millones de años.
También él tuvo un comienzo parecido.
También él nació rodeado de material que no formaba todavía un sistema ordenado de planetas.
Quizá por eso estas nebulosas tienen algo de familiar.
No porque se parezcan a nosotros.
Sino porque contienen una versión muy antigua de nuestra propia historia.
Los estudios realizados con observatorios espaciales como Spitzer, WISE y Gaia han permitido penetrar mucho más allá de lo que muestra una fotografía óptica.
La luz visible nos enseña la belleza de la nebulosa.
El infrarrojo permite detectar estrellas jóvenes ocultas entre el polvo.
Y Gaia añade algo todavía más poderoso: movimiento y distancia.
Así podemos empezar a separar las estrellas que simplemente aparecen proyectadas sobre la misma región del cielo de aquellas que realmente pertenecen a la misma familia estelar.
Porque el cielo también engaña.
Dos estrellas pueden parecer vecinas desde la Tierra y estar separadas por cientos de años luz.
Aquí, sin embargo, encontramos verdaderas relaciones físicas entre poblaciones estelares jóvenes.
Y entonces aparece otra historia.
La de Stock 8.
Dentro de este cúmulo encontramos estrellas jóvenes en distintas fases de evolución. Algunas conservan todavía buena parte del material que las rodeaba durante su nacimiento; otras están más evolucionadas y han despejado progresivamente su entorno.
Es como si pudiéramos observar distintas edades dentro de una misma familia.
No estamos viendo una fotografía congelada.
Estamos viendo un proceso.
Una región que lleva millones de años cambiando.
Hay algo especialmente hermoso en esto.
Cuando contemplamos la fotografía, todo parece inmóvil.
Las estrellas parecen clavadas en el cielo.
La nebulosa parece una nube suspendida para siempre.
Pero nada permanece quieto.
Las estrellas nacen.
Las nubes se comprimen.
La radiación modifica el gas.
Los vientos estelares erosionan las estructuras que rodean a las estrellas jóvenes.
Los cúmulos evolucionan.
Y, finalmente, las nebulosas terminan dispersándose.
La fotografía captura un instante.
El universo está contando una historia mucho más larga.
Quizá por eso me gusta tanto la imagen de la Araña y la Mosca.
Porque nuestros ojos encuentran figuras conocidas en un lugar donde no hay ninguna.
La naturaleza no dibujó una araña.
No dibujó una mosca.
Fuimos nosotros quienes encontramos esas formas entre millones de años de evolución estelar.
Y eso también forma parte de mirar el cielo.
Primero vemos una figura.
Después descubrimos una nebulosa.
Después aprendemos que contiene estrellas jóvenes.
Y finalmente comprendemos que estamos contemplando un proceso que también ocurrió aquí, alrededor del Sol, hace miles de millones de años.
La imaginación abre la puerta.
La ciencia nos permite atravesarla.
---
Dentro de millones de años, IC 417 será diferente.
Las estrellas que hoy están naciendo habrán cambiado.
Muchas habrán abandonado el material que las rodea.
La nebulosa habrá perdido buena parte de su forma actual.
Y aquella Araña que nosotros reconocemos en una fotografía habrá dejado de existir como paisaje.
Pero las estrellas continuarán su viaje por la galaxia.
Y quizá alguna de ellas, nacida en esta nube, termine recorriendo durante miles de millones de años el mismo gran océano galáctico en el que viaja nuestro Sol.
Por eso esta fotografía no muestra solamente un lugar.
Muestra un momento.
Un instante de la vida de una región donde la materia está aprendiendo a convertirse en estrellas.
La próxima vez que mires hacia Auriga, busca la Araña.
No está allí como la dibujaron nuestros ojos.
Está allí como la construyeron la gravedad, la luz y el tiempo.
Y eso, quizá, sea todavía más hermoso.



Comentarios