La Luna y el clima de los antiguos

 Gibosa creciente. Iluminación 70%. Edad lunar 9,4 días. 20.01.24 






La Luna no solo alumbra la noche. Durante siglos, también iluminó las emociones del cielo.
Como si su rostro cambiante pudiera escribir el guion del clima terrestre, los antiguos la leyeron como un oráculo de luz y sombra… una brújula celeste para predecir la calma o la tormenta.


I. Un espejo del tiempo atmosférico

Hubo un tiempo —y aún hay quienes lo creen— en que la Luna gobernaba el clima con su silueta cambiante.
En las noches de creciente, cuando su curva luminosa se alza como una vela desplegándose en el cielo, se decía que el buen tiempo se avecinaba.
En cambio, bajo la Luna menguante, cuando su luz se retraía como si se negara a mirar al mundo, las nubes, las lluvias y las tormentas parecían encontrar su momento.

De esta visión nacieron no solo refranes populares, sino también los nombres que damos a los mares lunares. Porque sí: aunque no tienen agua, estos vastos campos oscuros en la superficie de la Luna fueron llamados mares, y en ellos dejamos proyectadas nuestras esperanzas… y nuestros temores.

Del lado de la Luna creciente —el oriente lunar visto desde la Tierra— encontramos nombres serenos:
🌊 Mare Tranquillitatis (Mar de la Tranquilidad)
🌊 Mare Serenitatis (Mar de la Serenidad)

Como si en esa media luna de promesas brillara la calma.

Pero cuando la Luna mengua y se asoma el otro hemisferio —el poniente lunar— los nombres se tornan sombríos:
🌧 Mare Imbrium (Mar de las Lluvias)
☁️ Mare Nubium (Mar de Nubes)
🌩 Oceanus Procellarum (Océano de Tormentas)

Era como si la Luna misma contuviera un mapa emocional del clima, un atlas simbólico donde la luz anunciaba bonanza… y la sombra, agitación.


II. Una galería de cicatrices y luminiscencias

Pero no todo en la Luna habla de estados de ánimo. Algunos de sus rasgos son el testimonio de impactos antiguos, marcas imborrables en su piel silenciosa.

En el lado occidental —donde yacen los mares tormentosos— hay un contraste que asombra incluso a simple vista:
Sobre la superficie oscura se trazan rayos brillantes, hilos de luz que parecen surgir de ciertos cráteres como si fuesen estrellas explotadas.

Entre ellos destacan:

🌟 Copérnico, con sus rayos en forma de flor estelar
🌟 Kepler, brillante y compacto
🌟 Aristarco, uno de los lugares más luminosos de toda la Luna

Y reinando en el hemisferio sur, Tycho, que lanza sus rayos como lanzas de hielo hasta el hemisferio norte, atravesando incluso el Mar de la Serenidad.

Cerca de él reposa Clavius, un cráter colosal cuyas paredes envejecidas parecen ruinas de un imperio de piedra.


III. Los faros de la exploración lunar

Para quienes buscan orientarse en este mar sin agua, hay puntos de referencia que actúan como faros en la oscuridad selenita:

🔲 Plato y Grimaldi, dos cráteres de fondo oscuro, como ojos dormidos.
🔲 Arquímedes, Eratóstenes y Bullialdus, que dibujan una constelación de impacto.
🔲 El trío inseparable: Ptolomeo, Alphonsus y Arzachel, encadenados como eslabones de la historia lunar.

Y delimitando los bordes del Mar de las Lluvias, una sucesión de cordilleras majestuosas:
🏔 Montes Cárpatos,
🏔 Montes Apeninos,
🏔 Montes Cáucasos,
🏔 Montes Alpes.

Son los huesos de la Luna, como si su geografía fuera también su esqueleto visible.


IV. Donde la luz hace curva: Sinus Iridum

Y justo al norte de ese mar agitado —Mare Imbrium— hay un rincón que suele aparecer en la media luna creciente, cerca del terminador:
🌙 Sinus Iridum, la Bahía de los Arcoíris.

Es una media circunferencia de belleza delicada, donde la sombra lunar traza un contraste que la hace brillar como un relicario de piedra.
Allí, la Luna parece sonreír por un instante, antes de volver a la seriedad de sus mares oscuros.



La Luna es un rostro de doble ánimo:
una mitad que promete calma… y otra que recuerda la tormenta.

Y sobre su piel de ceniza, los humanos escribimos nuestras metáforas,
creyendo leer en sus sombras el reflejo de nuestro cielo.

Quizá no controla el clima.
Pero sin duda, ha gobernado por siglos la imaginación de quienes la miramos.

Comentarios