Auroras: ríos de color en la noche polar

 



Cierra los ojos y respira el aire helado del Ártico. Escucha: hay un susurro, un murmullo que no es viento, sino el eco del Sol viajando millones de kilómetros. Abres los ojos y el cielo se mueve. Verde que se ondula como agua, rojo que palpita como un corazón, violeta que se enrosca como humo inquieto. Cada color vibra en tu pecho.

No es magia: son partículas solares encontrando átomos en la atmósfera, y tú eres testigo de su encuentro. El cielo late, canta, dibuja historias invisibles con luz que se pliega y se despliega. Puedes imaginarte bailando entre los rayos, sintiendo el frío en la piel y el calor del asombro en la mente. La aurora no solo se ve: se siente, se escucha en el silencio de la noche y se toca con los ojos del alma.

Astrometáfora: La aurora no es solo luz: es la respiración del cosmos, un hilo que une al Sol con la Tierra y nos recuerda que, incluso en el silencio, el universo canta.


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