Bitácora de la Cromosfera · 25–26 de enero de 2026



El Sol entra en una fase de actividad baja, casi introspectiva. Nueve regiones activas permanecen visibles sobre el disco, repartidas sin urgencia, con campos magnéticos mayoritariamente simples. La antigua protagonista, la 4341, ya se desliza hacia el limbo occidental, despojándose de la tensión que días atrás la convirtió en foco de atención. 


La cromosfera muestra plages discretas y una arquitectura estable, más de mantenimiento que de ruptura.

En el interior, la energía circula sin acumularse en exceso. El flujo solar de 10.7 cm desciende a 165 sfu, y el fondo de rayos X se mantiene en C1.1, señal de un régimen térmico contenido. Durante la jornada solo se registran fulguraciones débiles, de clase C, sin protones asociados. La probabilidad de eventos mayores existe —el ciclo aún empuja—, pero hoy no encuentra estructura ni oportunidad.


Esa calma relativa se prolonga más allá del Sol. El viento solar, impulsado por un agujero coronal de polaridad negativa, alcanzó picos de 645 km/s, suficientes para agitar el entorno cercano, pero con un campo interplanetario modesto, en torno a 7 nT, y un Bz sur puntual de -5 nT. Es un roce, no un golpe: la energía llega, pero no logra acoplarse de forma sostenida.

La magnetosfera terrestre responde en coherencia. El campo geomagnético oscila entre quieto e inestable, con Kp alrededor de 3, sin tormentas en curso. Los electrones energéticos permanecen elevados, como eco de días más intensos, pero sin desencadenar consecuencias visibles. Las previsiones apuntan a un posible repunte menor hacia el 28 de enero, cuando el flujo rápido del agujero coronal vuelva a insistir.

Desde Quijorna, el cielo acompaña esta discreción. Nubes persistentes, temperaturas suaves entre 4 y 10 °C, humedad alta y lluvias intermitentes diluyen cualquier intento de observación. La Luna, ya en crecimiento, añade su propia luz a un escenario que hoy no invita al detalle fino ni al contraste.

Así queda anotado este tramo de la bitácora: un Sol que no calla, pero habla bajo, una Tierra que escucha sin sobresaltos y un observador que aprende que la actividad solar no siempre se mide en estallidos, sino también en estas pausas donde el sistema recupera equilibrio antes del próximo gesto.


Ayer, la región 4355 localizada en S12E31 liberó un último suspiro de energía en forma de una fulguración C8.8, la más intensa del periodo, recordándonos que la calma es activa, no muerta.






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