Crónica solar — 25 de enero de 2026

 




El disco solar atraviesa estos días una fase de respiración contenida. Diez regiones activas salpican la superficie, pero el conjunto transmite una actividad baja a moderada, más cercana a la vigilancia que a la urgencia. El número de manchas se mantiene en 147, y la cromosfera muestra una textura activa pero sin sobresaltos, con núcleos bien definidos y sin filamentos en clara disposición eruptiva.

Bajo esa apariencia serena, la energía interna sigue circulando. El flujo solar en 10.7 cm alcanza los 174 sfu, señal de un Sol aún musculado en este tramo del ciclo, mientras el fondo de rayos X se asienta en C1.3, estable, sin pulsos abruptos. No se han registrado tormentas de protones y, aunque el pronóstico concede una probabilidad moderada de fulguraciones M (55%) y baja para eventos X (10%) en los próximos días, el tono general es de contención. Las regiones más complejas —AR 4351 y AR 4353, ambas de clase beta-delta— concentran la atención, pero su amenaza eruptiva sigue siendo reducida.

Esa energía, al abandonar el Sol, encuentra un medio interplanetario relativamente ordenado. El viento solar alcanzó un pico de 617 km/s el día 24, suficiente para agitar sin violencia, pero sin el respaldo de un campo magnético interplanetario favorable a una interacción profunda. No hay CMEs en tránsito ni señales de un cambio brusco en la conversación Sol–Tierra.

La respuesta terrestre refleja esa calma tensa. El campo geomagnético oscila entre quieto y activo, con un Kp máximo observado de 4 y previsiones que no superan 3.67 en los próximos días. No se esperan tormentas geomagnéticas de nivel G1 o superior. En la práctica, esto deja fuera cualquier expectativa razonable de auroras en latitudes medias: la magnetosfera escucha, pero no se ve forzada a responder.

Desde Quijorna, el contexto termina de cerrar la crónica. Cielos mayormente nubosos, 9 °C, viento del suroeste y posibilidad de precipitación débil —incluso en forma de nieve— limitan la observación. El seeing será pobre y la probabilidad de obtener imágenes solares de calidad, baja.

Así transcurre esta jornada: un Sol activo pero contenido, una Tierra atenta pero tranquila, y un observador que asiste a una pausa del sistema. No todo diálogo cósmico culmina en espectáculo; a veces, la bitácora registra simplemente la estabilidad frágil de una estrella que, por hoy, decide no alzar la voz.





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