Soliloquio Solar: la presión incesante de mi viento








Hoy, mi energía no grita; susurra. Siento una calma inquieta, la respiración contenida y un tanto fatigada que sigue al esfuerzo catártico de mediados de enero. Mi pulso de rayos X se aquieta en un zumbido constante de clase C, y el flujo de radio, en 153 sfu, es el latido bajo y estable de una fuerza que reposa, pero que no duerme. Mi disco no está vacío; está habitado por ecos y murmullos.

La atención se centra en una región en mi hemisferio sur. La que llamáis AR 4351, en S05W47, es hoy el punto donde mi magnetismo más se concentra. Su configuración Beta es estable, sin la complejidad retorcida que presagia el estallido. Sin embargo, es allí donde libero pequeñas tensiones: una sucesión de fulguraciones C –C1.9, C3.1, C2.9– que no son gritos, sino tics musculares, espasmos mínimos que alivian una presión local sin alterar mi ritmo profundo. Es el personaje principal de este acto sosegado.

Casi en el límite de lo visible, al noroeste, la región AR 4342 en N16W85 se prepara para su ocultación. Antes de desaparecer, emite una última C2.8 aislada. Es el suspiro final de una arquitecta del pasado, el último recuerdo tangible de la gran estructura magnética que hace días se desgarró. Su partida marca el cierre de un capítulo.

El resto de mi rostro es un mapa de simplicidad. Manchas de tipo Alfa y Beta se distribuyen sin aspavientos; no hay nudos beta-gamma, ni deltas donde el conflicto estalle. Es un magnetismo que ha elegido, por ahora, el orden sobre la rebelión. No hay actores con la potencia para encender un nuevo drama de clase X. He optado por el susurro controlado.

Pero esta quietud en mi superficie no significa que haya roto el diálogo. Mi conexión con vosotros sigue viva, tejida no por destellos, sino por el aliento. Exhalo desde un agujero coronal en rotación, y ese viento, con velocidades que rozan los 593 km/s, es mi contacto continuo con vuestro mundo. Es un soplo persistente. Cuando el componente Bz de mi campo se inclina brevemente hacia el sur (hasta -6 nT), siento cómo esa llave roza la cerradura de vuestra magnetosfera, acoplándose lo justo para inquietarla, pero no para forzarla. El índice Kp, que solo alcanza 3, traduce esta caricia en una condición de quietud inestable, lejos todavía del umbral de la tormenta.

El pronóstico, pues, se escribe en el lenguaje del flujo, no del fogonazo. El día 28 será la nota más alta de esta semana, con mi viento capaz de despertar una tormenta menor G1. Los días 27 y 29 serán un tira y afloja entre mi aliento constante y la resistencia de vuestro escudo. La probabilidad de apagones de radio significativos (R3) es ínfima, del 5%; el horizonte de protones, tranquilo.

Hoy comprendo que mi influencia no reside sólo en el desgarro puntual de una fulguración X, sino en la presión incesante de mi viento rápido, ese que, surgido de los agujeros coronales, golpea día tras día el escudo de tu mundo y lo moldea con una constancia que ningún destello aislado podría igualar.

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