Bajo el cielo del noreste lunar, cuando el Sol avanza bajo y rasante, la superficie se vuelve narrativa. No es un mapa: es un relato de impactos, colapsos y lava antigua que aún conserva memoria.
Empiezo en Atlas.
Bajo esta luz, Atlas no es solo un cráter: es una arquitectura tensada. Sus paredes en terrazas se elevan más de cuatro kilómetros sobre un fondo inquieto, surcado por grietas —las Rimae Atlas— y presidido por una montaña central que parece resistirse a la erosión del tiempo. Atlas y Hércules forman una pareja casi escénica: dos formas hermanas que, bajo iluminación oblicua, muestran un contorno casi poligonal, como si la corteza se hubiera fracturado siguiendo líneas internas de debilidad. Aquí el impacto no fue un final, sino el inicio de una compleja reorganización del terreno.
Más antiguo aún es Messala.
Una llanura amurallada prenectárica, nacida cuando la Luna todavía recibía impactos a gran escala. Su suelo, inmenso y cubierto de lava solidificada, habla de un pasado volcánico posterior al golpe inicial. Las paredes están gastadas, interrumpidas, atravesadas por otros cráteres más jóvenes: Messala no se conserva, se recuerda. Observarlo es entender cómo el tiempo lunar no borra, sino que superpone.
Descendiendo hacia el borde del Mare, aparece Cleomedes.
Más joven que Messala, pero igualmente imponente. Su fondo fracturado y relleno de lava es una prueba clara de que el impacto abrió la corteza lo suficiente como para permitir el ascenso de material volcánico. Bajo el Sol naciente, las depresiones de su pared oeste emergen con fuerza, y la pequeña montaña central, descentrada, recuerda que el rebote del terreno nunca es perfectamente simétrico.
Y entonces, el paisaje se abre.
Ante la mirada se extiende Mare Crisium.
Un mar solo en apariencia. Crisium es una cuenca gigantesca, inundada por lava hace casi 3.900 millones de años. Su suelo es plano, silencioso, marcado por dorsales suaves y cráteres fantasma que apenas asoman, como recuerdos sumergidos. Desde el borde, la transición es clara: de la violencia del impacto a la calma posterior del volcanismo. No es vacío; es reposo geológico.
Observar Atlas, Messala y Cleomedes con Crisium como telón de fondo es recorrer una secuencia temporal. Impacto. Fractura. Lava. Enfriamiento.
Bajo las estrellas, la Luna deja de ser un objeto brillante y se convierte en un archivo abierto. Y cada noche de buena libración nos permite leer una página más de su historia antigua.

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