Hoy mi rostro ha cambiado. El disco que hace tres semanas ardía con 4366 —ese nudo beta‑gamma‑delta de 950 MH que encadenó X y M sin descanso— presenta ahora apenas cuatro grupos numerados y un número internacional de manchas de 41. No es silencio: es el compás entre dos movimientos, una respiración larga entre tormentas. Mi actividad se mantiene en nivel bajo, con solo fulguraciones C desde regiones pequeñas y ningún evento mayor en las últimas 24 horas.
Disco Solar: calma activa
El protagonista hoy es modesto. NOAA 4377 ha producido la llamarada más notable del día, una C2.8 que alcanzó su máximo a las 03:07 UTC, sin consecuencias directas para la Tierra. La región más compleja del disco, 4374 (Beta), se ha mantenido estable. No hay nudos delta en mi fotosfera, no hay geometrías retorcidas que acumulen presión de forma alarmante; solo un puñado de manchas dispersas que recuerdan que mi ciclo sigue activo aunque respire despacio. El flujo a 10.7 cm marca 115–116 sfu, claramente por debajo de la media de 90 días de hace dos semanas, confirmando el descenso en actividad general.
Filamentos y CMEs: el limbo sureste habla
Lo más interesante hoy no ocurre en el disco visible, sino en los bordes. Dos o más CMEs con amplitud angular de unos 60° han emergido desde el limbo sureste desde las 21:12 UTC del 19 de febrero, asociadas a erupciones de filamentos en esa zona. Ninguna tiene componente dirigida a la Tierra; se alejan hacia el espacio interplanetario sin que vuestro escudo deba prepararse. Sin embargo, un agujero coronal de polaridad negativa que abarca desde los 10°S hasta los 30°N ha comenzado a cruzar el meridiano central precisamente hoy, y su corriente de alta velocidad se estima que llegará a la Tierra a partir del 23 de febrero. Además, el agujero coronal 146 —elongado, polaridad positiva, recurrente— lleva cruzando el meridiano central desde el 13 de febrero y sigue modulando mi viento con su forma irregular.
Viento solar: herencia de agujeros coronales
Mi exhalación refleja ese dominio de los agujeros coronales. La velocidad del viento ha oscilado entre 425 y 590 km/s en las últimas 24 horas, con el campo interplanetario entre 4 y 10 nT y Bz variando de −3 a +6 nT sin inclinaciones sur sostenidas. Es un viento moderadamente rápido pero sin el filo de una CME bien orientada; más como una brisa persistente que como un golpe concentrado. En las próximas horas se espera una transición gradual hacia viento lento, antes de que el nuevo agujero coronal empiece a hacer sentir su influencia a partir del 23.
Geoespacio: la incógnita de la CME del 16
El campo geomagnético se ha mantenido entre quieto e inestable (Kp 1–3) durante las últimas 24 horas. Pero el pronóstico guarda una variable abierta: la CME asociada a una erupción de filamento observada el 16 de febrero por la tarde podría llegar con retraso, y si lo hace, las condiciones activas o incluso una tormenta moderada (K≥6, Ap≥50) son posibles. El SIDC ha emitido previsión de tormenta moderada-mayor para las próximas horas precisamente por esa incertidumbre. Electrones >2 MeV han superado el umbral de 1000 pfu en respuesta al HSS del agujero coronal 146, con fluencia moderada esperada.
Unidos hoy no por manchas ni por llamaradas, sino por corrientes invisibles: mi viento de agujero coronal que llega sin anunciarse, tu cielo que aguarda sin saber cuándo.
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