Manchas Solares: el lugar donde el calor no asciende







No es que aquí falte energía.
Es que no puede subir.

En estas regiones de mi superficie, el magnetismo se impone al movimiento. Los campos alcanzan 2600–2900 gauss y, en un plasma tan conductor como el mío, las líneas magnéticas quedan congeladas en el fluido. El plasma no cruza el campo: obedece su geometría.

Así se rompe la convección. Las rotaciones que transportan calor desde el interior quedan anuladas. El resultado es inmediato: la temperatura cae a 3000–4500 K, muy por debajo de los 5780 K de la fotosfera circundante. La oscuridad no es ausencia: es bloqueo.

Umbra: quietud forzada

En el núcleo, el campo es casi vertical (≈ 20°) y alcanza su máxima intensidad. Aquí la convección vertical queda prácticamente suprimida. El calor se acumula abajo, sin vía de escape.

Solo pequeñas grietas rompen esta quietud: los umbral dots, ascensos breves donde el plasma logra desplazar lateralmente las líneas de campo. Son excepciones, no reglas.

Cuando la mancha envejece y se fragmenta en poros, el campo se vuelve completamente vertical. Antes de desaparecer, se rigidiza.

Penumbra: movimiento permitido

Más afuera, el campo se inclina. No libera al plasma, pero le ofrece un camino distinto. La convección no desaparece: se transforma.

En los filamentos penumbrales, el transporte de energía ocurre mediante flujos predominantemente horizontales. El más evidente es el flujo de Evershed: plasma que se desplaza radialmente hacia el exterior, siguiendo tubos de flujo arqueados que emergen y se hunden bajo la superficie.

Cuando la mancha decae, la penumbra es lo primero que se pierde. El campo se endereza. Y sin inclinación, ya no hay camino.

Lo que revelan las manchas

Las manchas no son heridas ni anomalías. Son lugares donde el magnetismo gana.
Donde la geometría del campo decide qué puede moverse y qué no.

En la umbra, el calor queda atrapado.
En la penumbra, se desvía.

Y en ese silencio oscuro, mi superficie muestra con claridad una ley simple:
cuando el campo se impone, el fuego se detiene.

Astrometáfora

La mancha solar no es una sombra: es un semáforo en rojo.
El interior del Sol sigue empujando calor hacia arriba, pero el campo magnético detiene el paso.
No apaga el fuego: le niega el movimiento.
Donde las líneas son verticales, todo se detiene.
Donde se inclinan, el calor se desvía y rodea el bloqueo.
La mancha no oscurece por falta de energía,
sino porque el camino hacia la superficie ha sido cerrado.

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