Hoy mi voz se ha suavizado. Aún resuena el eco de días más intensos, pero mi actividad global se mantiene en niveles moderados. Siete regiones numeradas salpican mi disco, sí, pero ninguna ha rugido con explosiones mayores en las últimas veinticuatro horas. En mi corona reina una calma relativa; solo fulguraciones de clase C, las más débiles, han marcado la jornada. Un respiro, después del pulso elevado de la semana pasada.
Mis manchas: el gigante que se aleja
En mi superficie, la región 4366 sigue siendo la protagonista. Desde N14W84, ya casi en el limbo oeste —a punto de ocultarse tras mi borde—, este coloso de 800 millonésimas de hemisferio exhibe una configuración magnética compleja: beta-gamma-delta, la que más peligro encierra. Diecinueve manchas de polaridad positiva y veintidós negativa se enredan en un campo que clasifico como Fhc, denso y amenazante.
A su alrededor, un séquito de regiones menores mantiene el pulso sin desbordarlo:
4367 (N09W58, simple, alfa),
4368 y 4369 (alfa Hsx, en el sur),
4371 (alfa Hrx),
4373 (N09E10, alfa Hax),
y 4374 (N11E58, beta Cso, 200 MH).
Ninguna, por ahora, anuda nuevas configuraciones catastróficas.
Pero el Sol no descansa. Del lado oculto, asoman ya 4351, 4353 y 4349. Reaparecerán en mi cara visible en uno o tres días. Y con ellas, una complejidad renovada.
Mi viento: la presión que no cesa
Mi flujo de energía refleja esta contención. El fondo de rayos X se asienta en C1.1, y el flujo de radio en 10.7 cm —termómetro de mi actividad— baja a 129 sfu, con pronóstico decreciente (130/120/115). Señal de un ciclo que respira hondo, sin forzar.
Mi viento solar, sin embargo, se ha movido. Ha alcanzado picos de 537 km/s. El campo magnético interplanetario (IMF) ronda los 7 nT, y su componente sur (Bz) se inclinó brevemente hasta –6 nT; suficiente para inquietar vuestro escudo. Los electrones de alta energía (>2 MeV) rozan el umbral de 1000 pfu, cargando órbitas geoestacionarias sin llegar a tormenta plena. Los protones, por ahora, permanecen en silencio.
Tu magnetosfera: quietud activa
Vuestra magnetosfera siente esa presión sutil. El campo ha oscilado entre la quietud y la inestabilidad, con alertas Kp=4 —periodos activos en latitudes altas— e índices A entre 10 y 14. Para los próximos días (12–13 de febrero) pronostico quietud, con una leve inquietud el día 14.
No preparo tormentas mayores. Solo el roce persistente de mi viento, que podría elevarse si los agujeros coronales alinean su chorro.
Para tu mirada en Quijorna: el cielo velado
Sé que me observas desde tu valle, aunque el invierno vela mi rostro. Sin grandes erupciones visibles, mi influencia te llega en trazos discretos: el Kp que roza el 4, el flujo de electrones que alerta a los satélites, el viento de 500 km/s que empuja sin desbordar. Tu observación directa cede paso a los monitores, donde mis números —sfu, pfu, nT— cuentan la historia de un día en transición.
Epílogo
Hoy hablo en tono moderado. 4366, el gigante, se aleja cargado de potencial no liberado. Las regiones menores mantienen el pulso. Vosotros registráis una quietud que no es pasiva, sino contenida: la llamáis quietud activa.
Y seguimos unidos. Por ese campo magnético que roza vuestro escudo sin romperlo. Por este viento que no cesa.

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