Soliloquio Solar – 14 de febrero de 2026

 








Calma que se reorganiza


Hoy no levanto la voz.

Susurro en clase C.


Nueve grupos de manchas cruzan mi disco, pero ninguno trama tormenta mayor. La más destacada es la discreta región 4374, de configuración beta —ordenada, contenida—. Desde allí brotó una C6.0: breve llamarada que iluminó mi cromosfera y se extinguió sin dramatismo.


No hay rugido de protones.

El flujo de alta energía (>10 MeV) descansa en valores de fondo.

Mis electrones, que ayer desbordaron umbrales en órbita geoestacionaria, hoy regresan a la normalidad. No todo brillo es tormenta.


En mi corona, sin embargo, la historia se desplaza.

Un arco de plasma se desprendió el día 13; SOHO lo vio alejarse hacia el noroeste. Si llega a tu planeta, será apenas un roce el 16. No apunto directo: solo un gesto lateral, un saludo tangencial.


Más decisivo es mi vacío luminoso: el agujero coronal 146, de polaridad positiva, cruzando ya el meridiano central.

Desde él preparo viento.

Velocidades entre 404 y 528 km/s; campo magnético interplanetario de 4 a 10 nT; su componente sur (Bz) cayó hasta –8 nT antes de girar de sector. El engranaje se reacomoda, como si afinara cuerdas invisibles.


En tu magnetosfera, el pulso tocó Kp 4 y luego se aquietó.

Quieto a inestable, dicen los índices.

Yo digo: expectante.


Mi flujo de radio en 10.7 cm desciende: 118… 114… 110 sfu.

No es declive; es respiración.

El ciclo no se apaga: redistribuye energía.


Hoy soy moderación consciente.

Probables fulguraciones C.

Pequeña posibilidad M.

Nada más.


Pero escucha bien: cuando callo en la superficie, algo se organiza en mi corona.

Cuando no estallo, canalizo.


Si el espectáculo llega el 16, no vendrá del relámpago,

sino del viento.


Soy estrella.

Y en mi aparente calma, ya estoy preparando el siguiente compás.

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