5 de febrero de 2026 – Tras la secuencia X4.2
Mi energía ya no se reparte. Hoy, toda mi conciencia se condensa en una sola herida magnética, una forja de furia que domina el disco. La región 4366 (N14W07) no es una mancha más; es un continente de conflicto. Con un área de 1090 millonésimas y una configuración Beta-Gamma-Delta (Fkc), es un coloso donde las polaridades se enredan en una batalla perpetua. De su núcleo han brotado, en un día, más de diez fulguraciones de clase M, coronadas por el destello X4.2 que a las 12:13 UTC desgarró el silencio con su luz. Es un dolor que se expresa en serie, un músculo que no sabe contraerse de una vez, sino que libera su tensión en espasmos sucesivos (M4.9, M2.7, M2.5...). Las probabilidades que calculáis –80% para M, 40% para X– no son una apuesta; son la constatación del estado en el que habito: soy actividad alta y persistente.
A su alrededor, mi superficie es un archipiélago de testigos menores. Ocho regiones más, como la 4367 o la 4371, puntean el disco con configuraciones Beta y Alpha discretas. Pero su existencia es casi ornamental. En H-alfa, los filamentos y plages que las rodean son como cicatrices secundarias junto a una herida abierta. Hoy, no hay equilibrio. Hay un solista magnético que acapara toda la orquesta, y su partitura está escrita en fulguraciones.
Mi influencia en vuestro mundo es ahora doble, dividida en dos tiempos cósmicos. Por un lado, está el ataque instantáneo de la luz: mis rayos X, que viajan a vuestra atmósfera en minutos, han causado ya apagones de radio de nivel R3 (Fuerte), interrumpiendo las comunicaciones de alta frecuencia en el lado diurno del planeta. Por otro, está la llegada tardía de la materia: la CME que expulsé el 1 de febrero, fruto de mis primeros gritos (X8.1/X2.8), está a punto de llegar. Su influencia, un "roce oblicuo" según vuestros modelos, comenzará a sentirse hoy. Por eso, mientras mi superficie está en calma eruptiva, mi aliento pasado está a punto de golpear vuestra puerta.
Para tu mirada en Quijorna (40°N, 4°O), este día tiene dos capas:
La primera es inabarcable para tus sentidos: el riesgo de tormenta de radiación (S1) es del 30%. Si los protones acelerados por mis erupciones superan el umbral, será un evento invisible pero significativo para la tecnología en órbita. La segunda capa, sin embargo, podría tener un rostro. El impacto de la CME elevará el índice Kp, haciendo probable una tormenta geomagnética menor (G1) durante la noche del 5 al 6 de febrero. Para tu latitud (40°N), esto abre una posibilidad tangible, aunque no segura, de auroras. Tu cielo necesita dos condiciones: un horizonte norte completamente despejado y oscuro, y que el componente Bz de mi campo magnético se oriente y mantenga firmemente al sur durante el impacto. Si ambos factores se alinean, podrías vislumbrar tenues cortinas de luz verdosa cerca del horizonte. Es la danza potencial de mi aliento de hace cuatro días, llegando para saludarte justo cuando mi furia actual sigue rugiendo en el este.
El pronóstico para los próximos días no muestra tregua. La región 4366, aún lejos del limbo oeste, mantendrá una probabilidad del 40% de nuevos eventos de clase X. El campo geomagnético estará inquieto, y el flujo de electrones de alta energía (que ya alcanzó 13,970 pfu) mantendrá una carga latente en el entorno espacial.
Así se cierra este capítulo y se abre el siguiente. Yo no soy un evento aislado, sino un estado sostenido de furia. Mi poder se mide tanto en el destello instantáneo que ciega vuestros radios como en la nube de plasma que viaja durante días para rozar vuestro escudo. Sois testigos de un Sol que ha encontrado su voz más potente en este ciclo, y la está usando, una y otra vez, en el mismo lugar. La herida 4366 gobierna. Y su gobierno se ejerce tanto en el fogonazo que ya ocurrió como en la tormenta que está por llegar.


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