Miro al cielo.
Y, en un acto de optimismo injustificado, decido que hoy todo va a salir bien.
(Ahí está. El error original. El instante exacto en que el universo se remanga.)
Empiezo el ritual: nubes, equipo, tubo, mordazas. Portátil, EQMOD, NINA, montura. Todo fluye.
(Demasiado. Siempre fluye demasiado al principio.)
Localizo el Sol, encuadro, apunto.
Fogonazo.
(Me recuerda quién manda. Bien. Empezamos.)
Ajusto con SynScan, confirmo con buscador. Ocular dentro, ocular fuera. Cámara.
Modo profesional.
No veo la pantalla.
(Nunca la ves. Da igual lo que hagas. El Sol convierte cualquier pantalla en un agujero negro.)
Me agacho, me levanto, hago sombra con el cuerpo. Parezco un girasol averiado. FireCapture a ciegas. Enfoque… quizá. Exposición… bueno. Ganancia… ya veremos.
(“Ya veremos”: la rendición elegante.)
Y entonces aparecen.
Mis gatas.
(Puntuales. Siempre puntuales cuando todo empieza a ir mal.)
Cordones atacados. Pies ocupados. Piernas colonizadas. Espalda escalada.
Pierdo movilidad. Pierdo dignidad.
(La dignidad cae antes que el enfoque.)
Me levanto.
Error.
La silla ya no es mía.
Una gata me mira: “llegas tarde”.
(Nunca fue tuya. Solo la precalentabas.)
Negociamos. Yo cedo media nalga. Ella exige todo.
(Como siempre.)
Mientras, la otra inspecciona cables.
(Peligro real. Aquí es donde se apaga la civilización.)
No sé si estoy capturando el Sol o retransmitiendo el fin del mundo.
Y entonces…
Nubes.
(Claro.)
El histograma cae. Subo ganancia. La imagen es… algo. Oscurezco tanto que dudo de la existencia de la pantalla.
El Sol se esconde tras la chimenea del vecino.
(El astro rey derrotado por albañilería básica.)
Calculo trayectorias absurdas: nube, chimenea, gata, destino.
Treinta segundos de claridad.
TREINTA.
(La limosna del universo.)
Modo pánico.
Reencuadro, ajusto, reduzco, grabo.
Lo consigo.
(Milagro menor, pero milagro.)
Miro alrededor.
Gatas bostezando. Una duerme. Otra posee la silla.
Yo, sudando como si hubiera negociado con la NASA.
Recojo. Entro en casa.
“Ahora el procesado será tranquilo”.
(No aprende.)
Una gata salta al escritorio.
Toma el teclado por almohada.
(Fin.)

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