Bitácora Solar – 21 de marzo de 2026

 



El desfase

En las últimas 24 horas, el sistema Sol–Tierra ha cruzado un umbral: de la expectativa al impacto. El disco solar muestra ahora una fase de menor actividad tras la perturbación de días previos. Pero la historia se mueve en dos tiempos desacoplados.

En la superficie, la región 4392 —protagonista de la fulguración M2.7 de días atrás, entonces en posición favorable para influir en la Tierra— ha perdido complejidad. Su configuración ha descendido de beta-gamma a beta simple, y su extensión se ha reducido de unas 170 a 130 millonésimas de hemisferio. Con ello, también su capacidad eruptiva. El fondo de rayos X apenas alcanza B4.0 y el flujo de radio en 10.7 cm desciende hasta 102 sfu. El pulso visible del Sol se atenúa.

Sin embargo, ese descenso en origen contrasta con lo que aún se despliega en el espacio interplanetario.

La eyección de masa coronal asociada a aquella fulguración continúa su viaje. En una fase inicial, el viento solar se mantuvo en valores moderados, en torno a 430 km/s, con un campo magnético inicialmente débil y una orientación poco efectiva para transferir energía. Pero el pulso cambió: la velocidad ascendió hasta 567 km/s, el campo magnético interplanetario se intensificó hasta 36 nT y la componente Bz se mantuvo orientada al sur en torno a -22 nT durante horas. Los datos apuntan a la llegada de una estructura magnética bien organizada, con una fase de compresión seguida de aceleración, firma característica de una CME geoefectiva.

Es como si la fuente ya se hubiera apagado, pero la ola siguiera avanzando.

La respuesta terrestre fue progresiva. La magnetosfera, que partía de condiciones tranquilas, entró en tormenta a medida que se establecía ese acoplamiento sostenido. El índice Kp ascendió desde valores de 1–2 hasta alcanzar 7, nivel de tormenta geomagnética fuerte (G3), mientras el índice Dst descendía hasta -106 nT, reflejando una perturbación profunda del anillo de corriente. No fue un pulso breve, sino una respuesta mantenida.

Aquí aparece el desfase: el Sol ya ha liberado la energía, pero la Tierra sigue procesando sus consecuencias. La actividad visible se atenúa mientras la interacción alcanza su máximo.

En el momento actual, los datos sugieren que ese pico ha quedado atrás. El viento solar ha descendido hacia los 468 km/s, el campo magnético ha perdido intensidad y la componente Bz, aunque aún ligeramente sur, se sitúa en valores débiles. El índice Kp se mantiene en torno a 6, indicando una tormenta moderada, mientras el Dst continúa en niveles negativos, señal de que la magnetosfera sigue alterada. La transferencia de energía persiste, pero con menor eficiencia.

Nos encontramos en una fase de meseta o inicio de recuperación. El sistema no ha vuelto a la calma, pero los mecanismos que sostenían la tormenta se debilitan. Si esta tendencia continúa, la evolución natural será hacia condiciones más estables en las próximas horas, aunque la recuperación completa será más lenta debido a la inercia del sistema.

El Sol ya ha pasado página.
La Tierra todavía la está leyendo.

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