Hace apenas un día hablábamos de un escenario que comenzaba a poblarse de protagonistas: regiones activas emergiendo por el limbo oriental, primeras fulguraciones moderadas y un viento solar que insinuaba cierta agitación. El nuevo balance muestra algo interesante: la actividad continúa, pero el sistema parece haberse reorganizado hacia un estado más estable, menos impulsivo.
El paisaje solar sigue densamente habitado. Nueve regiones activas permanecen visibles sobre el disco y el flujo solar F10.7 se mantiene elevado —142, aún claramente por encima de la media de 125—, señal de una corona activa. Pero el pulso energético superficial se ha suavizado. La actividad, que el día anterior NOAA calificaba como moderada gracias a una fulguración M1.1 de la región 4455, desciende ahora a niveles bajos. El fondo de rayos X permanece en B7.4 y las fulguraciones registradas durante las últimas horas son, sobre todo, de clase C.
Y aquí aparece un cambio importante de protagonistas.
La región 4455, que parecía destinada a liderar el escenario tras su entrada espectacular por el limbo este y aquella M1.1 temprana, continúa activa pero con un comportamiento contenido: pequeñas fulguraciones C1.1 y C1.0, todavía insuficientes para convertirla en el motor dominante del disco. Sigue siendo una región grande —300 MH— y conserva interés observacional, pero el entusiasmo inicial se enfría.
Mientras tanto, la región 4446 ha cambiado de papel. Ayer destacaba por su complejidad magnética Beta-Gamma y un tamaño de 300 MH; hoy ha perdido complejidad, simplificándose a Beta y reduciendo área (250 MH). Sin embargo, permanece inquieta: varias fulguraciones C, emisiones ópticas y ráfagas de radio sugieren que sigue siendo un lugar donde el campo magnético reajusta tensiones, aunque ya no con la misma arquitectura inestable de jornadas anteriores.
La actividad parece haberse repartido. Regiones como 4449, 4452 o incluso 4447 participan ahora con pequeñas fulguraciones y emisiones de radio. El Sol ofrece una imagen menos jerárquica: no hay una gran región imponiendo el relato, sino múltiples focos menores respirando a la vez.
En el espacio interplanetario aparece un matiz curioso. Aunque NOAA mantiene un diagnóstico geomagnético prudente —condiciones entre quietas y activas, sin tormentas previstas—, el viento solar ha aumentado respecto al día anterior, alcanzando 576 km/s. También el campo interplanetario muestra cierta vitalidad: el IMF llega a 11 nT y el Bz desciende hasta -10 nT, valores capaces de favorecer cierto acoplamiento con la magnetosfera. Sin embargo, la respuesta terrestre sigue siendo modesta. El Kp no supera 4 y no aparecen señales de tormenta geomagnética.
Esto define bien el momento: hay ingredientes para la perturbación, pero no alineados del todo.
El viento sopla con cierta energía, el campo magnético interplanetario se orienta ocasionalmente al sur y el Sol mantiene varias regiones activas trabajando a la vez. Pero falta sincronía. No hay una eyección importante dirigida a la Tierra, ni una reorganización magnética claramente explosiva, ni una magnetosfera especialmente receptiva.
Por eso la previsión se vuelve más sobria. NOAA reduce incluso la probabilidad de apagones de radio menores-moderados (R1–R2) del 40% al 25%, mantiene solo un 5% para eventos fuertes y descarta tormentas geomagnéticas significativas durante los próximos días.
La imagen quizá sea esta:
el coro sigue sobre el escenario, pero ya no está afinando para un estallido inmediato. Ahora parece más bien un ensayo prolongado: muchas voces, pequeños impulsos, una energía distribuida que aún no encuentra un director capaz de convertir el murmullo en tormenta.

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