Entréme donde no supe,
y quedé mirando el cielo,
sin saber que en el silencio
cabía un universo entero.
Salí buscando una estrella,
hallé millones ardiendo;
fuegos viejos de la noche
que aún nos hablan desde lejos.
Miré por el telescopio
creyendo encontrar distancia,
y descubrí que la luz
también guarda la memoria.
Vi galaxias que huían
como brasas en el viento,
y entendí que el espacio
jamás descansa un momento.
Cuanto más lejos miraba,
más atrás hallaba el tiempo;
cada fotón en mis ojos
traía un pasado ardiendo.
Entréme donde no supe,
bajo el frío del observatorio,
y quedé no sabiendo
si era yo o el universo
quien me estaba contemplando.
—
Entréme donde no supe,
y al mirar sin instrumento,
y quedé no sabiendo,
toda distancia trascendiendo.
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