El disco solar ofrece hoy el aspecto de una estructura que, tras varios días acumulando tensiones, comienza a redistribuir sus esfuerzos internos. Las regiones activas siguen siendo numerosas, pero tres de ellas concentran casi toda la actividad. Paradójicamente, mientras su arquitectura magnética empieza a simplificarse, continúan liberando algunas de las fulguraciones más intensas de los últimos días. Es la imagen de un edificio que cruje mientras alivia parte de la presión que soportaba.
La protagonista vuelve a ser AR 4479, una extensa región de clase Fkc Beta-Gamma-Delta situada ya cerca del limbo occidental. A las 18:11 UTC produjo una fulguración M6.7, la más intensa del periodo. La explosión estuvo acompañada por un estallido de radio de 203 sfu y una emisión de tipo II cuya velocidad estimada alcanzó 1.831 km/s, señal de una potente onda de choque propagándose por la corona.
Apenas cincuenta minutos después respondió AR 4478, que generó una M6.3 impulsiva. También estuvo acompañada por una emisión tipo II, aunque mucho más lenta, con una velocidad estimada de 387 km/s, además de un intenso estallido de radio de 780 sfu. Horas antes, AR 4480 había contribuido con una M1.4, completando una jornada en la que tres regiones distintas alcanzaron la clase M.
Lo más interesante es que estas fulguraciones no reflejan un crecimiento de la complejidad magnética, sino precisamente el comienzo de su reorganización. NOAA señala que las tres regiones muestran signos de decaimiento, y que AR 4478 ha perdido ya su configuración Delta, la estructura magnética más inestable. Es decir, el Sol parece estar descargando parte de la energía acumulada mientras simplifica lentamente su arquitectura superficial.
En las imágenes coronográficas apareció una CME lenta sobre el cuadrante noroeste, detectada a las 18:24 UTC. Todavía se analiza si una parte de esa eyección viaja hacia la Tierra. Por ahora, esa posibilidad permanece abierta.
Mientras tanto, el espacio interplanetario ya acusa la llegada de material expulsado días atrás. El viento solar dejó atrás las condiciones de fondo alrededor de las 11:19 UTC. La velocidad aumentó desde unos 325 km/s hasta 550 km/s, el campo magnético interplanetario alcanzó 21 nT y el componente Bz osciló entre +10 y -16 nT, un comportamiento que refleja un entorno muy variable. Cuando el Bz apuntó al sur, la magnetosfera encontró abiertas las puertas para recibir energía del viento solar.
La respuesta terrestre todavía fue moderada, con condiciones entre tranquilas y activas, pero el escenario cambia para las próximas horas. NOAA prevé que la llegada de la CME emitida el 30 de junio, junto con la influencia de un agujero coronal de polaridad positiva y otras eyecciones posteriores, pueda desencadenar tormentas geomagnéticas G1, con posibilidad de alcanzar episodios G2 entre el 4 y el 5 de julio.
Hoy el Sol transmite una imagen curiosa: las estructuras más complejas empiezan a desmontarse, pero antes de hacerlo aún liberan sus últimos impulsos de energía. Como un gran puente que reduce poco a poco sus tensiones internas, cada fulguración parece formar parte del mismo proceso de reajuste. La superficie comienza a estabilizarse, mientras la historia de las erupciones continúa escribiéndose en el espacio que separa al Sol de la Tierra.


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