Una semana para el eclipse: lo que necesitas saber para no arriesgar tu vista



Falta una semana. El 12 de agosto, la Luna ocultará el Sol y España vivirá uno de los fenómenos astronómicos más esperados de las últimas décadas. En la franja de totalidad, el día se transformará en un crepúsculo durante unos minutos. En el resto del país, el eclipse será parcial. Millones de personas levantarán la vista. Algunas lo harán de forma segura. Otras, sin saberlo, pondrán en riesgo su visión.

No es una exageración. Mirar directamente al Sol sin la protección adecuada, aunque solo sea durante unos segundos, puede producir una lesión permanente en la retina. Y el momento más peligroso no es cuando el Sol brilla con toda su intensidad. Es cuando parece que ya no está pasando nada.

Lo que debes tener preparado

Si vas a observar el eclipse, necesitas unas gafas de eclipse homologadas. No sirven unas gafas de sol. No sirven radiografías, cristales ahumados, CDs, filtros caseros ni ningún otro método improvisado. Solo son seguras las gafas que cumplen la norma ISO 12312-2.

Comprueba hoy mismo que las tienes. Revisa que no estén rayadas, perforadas o deterioradas y que procedan de un fabricante de confianza. Si tienes la más mínima duda sobre su estado, no las utilices.

Las cuatro fases del eclipse

Primera fase. La Luna empieza a cubrir el Sol. Es la fase más larga y, paradójicamente, una de las más peligrosas. La luz sigue siendo intensa y da la falsa sensación de que se puede mirar sin protección. No es así. Durante toda esta fase las gafas deben permanecer puestas.

Segunda fase. El Sol se convierte en una fina media luna. La luz adquiere un tono metálico, el paisaje cambia y la temperatura comienza a descender. Es fácil pensar que el riesgo ha desaparecido. No ha desaparecido. Las gafas siguen siendo imprescindibles.

Tercera fase. Llega la totalidad. La Luna cubre completamente el disco solar y aparece la corona, una tenue atmósfera de luz que normalmente permanece oculta por el brillo del Sol. Solo en ese momento, y únicamente si te encuentras dentro de la franja de totalidad, puedes quitarte las gafas para contemplar el eclipse directamente.

Cuarta fase. En cuanto aparezca el primer destello del Sol por detrás de la Luna, vuelve a ponerte las gafas inmediatamente. No esperes unos segundos más. Durante la totalidad tus pupilas se habrán adaptado a la oscuridad y estarán más abiertas para captar la escasa luz de la corona solar. Cuando reaparece la brillante fotosfera, esa luz entra de golpe en el ojo. Si continúas mirando sin protección, el riesgo de sufrir una lesión permanente en la retina aumenta. La regla es sencilla: en cuanto veas el primer destello del Sol, las gafas deben volver a estar puestas.


La regla que debes recordar

Solo existe un momento en el que puedes mirar el eclipse sin gafas: durante la totalidad completa y únicamente desde la franja de totalidad. Si el eclipse es parcial, anular o te encuentras fuera de esa franja, las gafas deben permanecer puestas durante toda la observación. Sin excepciones.

Un último consejo

La totalidad dura muy poco y la emoción del momento puede hacer que olvides las precauciones. Antes de que empiece, ten claro cuándo podrás quitarte las gafas y cuándo tendrás que volver a ponértelas. No improvises.

Disfruta del espectáculo. Es uno de los acontecimientos más extraordinarios que puede regalarnos el cielo. Pero recuerda: unas gafas de eclipse homologadas son la diferencia entre conservar un recuerdo inolvidable y sufrir una lesión permanente en la retina. No merece la pena arriesgarse.

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