Cuatro nombres reales y lo que revelan de nosotros
Después de buscar puros, pollos y extraterrestres entre las estrellas, me he propuesto completar el menú. Esta vez no hay una Comisión de Nominación Astronómica que vigile los nombres ni hace falta imaginar a don Anselmo rellenando formularios. Basta con recorrer algunos catálogos para descubrir que el universo parece tener una relación bastante estrecha con la cocina y con los objetos que guardamos en casa.
Una hamburguesa, un chivito bautizado con el nombre de Drácula, un huevo frito y una jarra inglesa. Podría parecer la carta de un restaurante con una imaginación desbordante. Pero los cuatro protagonistas están en el cielo y sus nombres esconden historias que van mucho más allá de su parecido visual.
Porque, a veces, un apodo astronómico no solo describe lo que vemos. También conserva el apellido de quien lo descubrió, los lugares de los que proceden quienes lo estudian o una referencia cultural que alguien llevó consigo hasta el telescopio.
La hamburguesa que cambió de naturaleza
La Hamburguesa de Gómez no es una galaxia ni una nebulosa en el sentido habitual. Es un objeto conocido por su designación de catálogo IRAS 18059-3211, identificado por el astrónomo Arturo Gómez en imágenes obtenidas desde el observatorio de Cerro Tololo, en Chile, durante la década de 1980.
Su aspecto hizo el resto. Vista de canto, una franja oscura atraviesa el centro y queda flanqueada por regiones luminosas. La semejanza con una hamburguesa resulta tan inmediata que cuesta imaginar otro nombre. Una vez que la comparación se instala en la cabeza, la imagen parece explicarse sola.
Pero la astronomía rara vez se conforma con una primera impresión.
Durante años, la naturaleza del objeto fue objeto de debate. Un estudio publicado en 2008, que analizó el gas molecular y su movimiento, aportó indicios de un disco en rotación alrededor de una estrella joven. La interpretación pasó así a situarlo en el contexto de los sistemas estelares en formación, en lugar de considerarlo simplemente una estrella evolucionada.
Un disco protoplanetario es una estructura de gas y polvo que rodea a una estrella joven. En su interior pueden desarrollarse los procesos que, con el tiempo, dan lugar a planetas. No estamos contemplando una hamburguesa cósmica, por supuesto, sino materia organizada por la gravedad y el movimiento, en un escenario que nos ayuda a comprender cómo nacen los sistemas planetarios.
Y la historia no terminó ahí. El 7 de enero de 2026, el observatorio ALMA dio a conocer nuevas observaciones que permitían estudiar con mayor detalle la distribución del gas y el polvo en la Hamburguesa de Gómez. La orientación del disco, casi de canto desde nuestra perspectiva, ofrece una oportunidad valiosa para investigar sus distintas capas y las condiciones físicas de ese entorno.
Las nuevas observaciones no convierten la imagen en una fotografía directa de planetas recién nacidos. Lo que aportan es información sobre el material y la estructura de un sistema en el que podrían desarrollarse procesos relacionados con la formación planetaria. A veces, avanzar en astronomía consiste precisamente en aprender a distinguir entre lo que una imagen sugiere y lo que los datos permiten afirmar.
Don Anselmo, el funcionario de nuestra disparatada Comisión de Nominación Astronómica, habría encontrado aquí un argumento irrebatible: si una hamburguesa puede entrar en un catálogo astronómico y sobrevivir durante décadas, ¿por qué no habría de hacerlo una croqueta?
Habría abierto inmediatamente un expediente titulado Precedentes gastronómicos de aplicación al caso de la croqueta. La resolución, como casi todo en aquella Comisión, tardaría varios meses.
El Chivito de Drácula: dos biografías en el espacio
El segundo plato del menú tiene una historia todavía más singular. Su nombre oficial de catálogo es IRAS 23077+6707, pero se ha hecho conocido como Dracula’s Chivito, el Chivito de Drácula.
El protagonista es un enorme disco de gas y polvo que rodea a una estrella joven. La imagen del telescopio espacial Hubble lo muestra casi de canto: una franja central oscura oculta la estrella, mientras el material que la rodea refleja su luz y dibuja unas regiones brillantes a ambos lados. Por encima y por debajo del disco se extienden filamentos que le dan un aspecto especialmente desordenado.
La semejanza con una hamburguesa vuelve a aparecer, aunque aquí la historia del nombre añade un ingrediente inesperado. El apodo reúne dos referencias a los orígenes de investigadores relacionados con el estudio del objeto: Ciprian Berghea, vinculado a Transilvania, la región asociada a la leyenda de Drácula, y Ana Mosquera, de Uruguay, donde el chivito es un plato emblemático.
La combinación tiene algo de broma privada que ha terminado viajando mucho más lejos que quienes la imaginaron. Una referencia literaria y geográfica se ha quedado asociada a una estructura que se encuentra a casi mil años luz de nosotros.
Como en la Hamburguesa de Gómez, estamos ante un disco protoplanetario: un entorno de gas y polvo en el que pueden desarrollarse los procesos que conducen a la formación de planetas. Pero el Chivito de Drácula destaca por su tamaño y por la complejidad de su estructura, que ofrece una oportunidad excepcional para estudiar cómo se comporta el material en estos sistemas. NASA sitúa este objeto a unos 978 años luz de la Tierra.
Las observaciones del Hubble han revelado una estructura mucho más caótica de lo que cabría esperar de un disco sencillo y ordenado. Sus filamentos y asimetrías plantean preguntas sobre las condiciones que rodean a las estrellas jóvenes y sobre la diversidad de los ambientes en los que pueden formarse planetas.
Y hay algo que me gusta especialmente de esta historia. Para bautizar un objeto a casi mil años luz de distancia, sus descubridores no necesitaron ponerse de acuerdo sobre una metáfora universal. Bastó con reunir dos referencias íntimamente ligadas a sus propias vidas: una región de Europa y un plato de Uruguay.
El universo puso la materia prima. Los investigadores aportaron sus recuerdos.
Un huevo frito con miles de millones de estrellas
Después de Drácula y su bocadillo transatlántico, el tercer protagonista parece mucho más sencillo. NGC 7742 es una galaxia espiral situada en la constelación de Pegaso. En 1998, una imagen del telescopio espacial Hubble contribuyó a popularizar el apodo Fried Egg Galaxy, la Galaxia del Huevo Frito. La comparación se entiende enseguida: su región central, brillante y amarillenta, destaca sobre el anillo que la rodea, como una yema sobre la clara.
Pero NGC 7742 tiene algo más interesante que su parecido con un desayuno. Es una galaxia de tipo Seyfert 2, una clase de galaxias cuyo núcleo alberga una región muy energética, asociada a la actividad de materia que cae hacia un agujero negro supermasivo. Además, presenta un anillo de formación estelar sin la barra central que suele ayudar a explicar estructuras semejantes en otras galaxias espirales. Su apariencia es familiar; su arquitectura, bastante menos corriente.
Pero el nombre nos lleva en otra dirección. En lugar de pensar en escalas cósmicas, distancias enormes y dinámicas gravitatorias, reconocemos un desayuno. La galaxia se vuelve doméstica, casi manejable. Por un instante, una estructura que contiene una cantidad inmensa de estrellas cabe en una sartén imaginaria.
No es que la comparación sea incorrecta. Es que selecciona una parte de lo que vemos y deja todo lo demás fuera del encuadre. Nos ofrece una forma familiar con la que recordar el objeto, pero no puede explicar por sí sola qué estamos contemplando.
Eso es lo que tienen estos apodos: son excelentes puertas de entrada y pésimos sustitutos del conocimiento.
Quizá alguien haya descubierto NGC 7742 gracias a una fotografía titulada Fried Egg Galaxy. Si después siente curiosidad por saber por qué su estructura es peculiar, el nombre habrá cumplido una función estupenda. Si se queda con el huevo frito y nunca vuelve a preguntarse qué hay detrás, la imagen habrá ganado la partida demasiado pronto.
Aunque, siendo sinceros, tampoco hay que despreciar el poder de una buena comparación culinaria. A veces, para que una galaxia se quede en la memoria, ayuda más un huevo frito que una página entera de nomenclatura.
La Jarra Toby: cuando el cielo habla inglés
El último protagonista de nuestro menú no se come ni se sirve en un plato. Es una jarra. La nebulosa Toby Jug, catalogada como IC 2220, se encuentra en la constelación de Carina, a unos 1.200 años luz de la Tierra.
Su nombre hace referencia a una Toby jug, una jarra tradicional inglesa de cerámica, a menudo decorada con un rostro humano. Estas piezas, especialmente populares en los siglos XVIII y XIX, pertenecen a una tradición artesanal que quizá resulte familiar para algunos lectores y completamente desconocida para otros.
La nebulosa recibió ese apodo por su forma, que recuerda a una de esas jarras. Pero, como sucede con los objetos anteriores, la semejanza visual es solo el comienzo de la historia.
IC 2220 es una nebulosa de reflexión: una nube de gas y polvo que refleja la luz de la estrella que la ilumina. En este caso, la estrella central es una gigante roja que ha expulsado material al espacio durante una fase avanzada de su evolución. La luz dispersada por ese material dibuja una estructura extendida, con lóbulos que parecen abrirse a ambos lados de la estrella.
La imagen tiene una belleza delicada, casi simétrica, pero no estamos viendo un objeto sólido suspendido en el vacío. La jarra está hecha de polvo y gas, iluminados por una estrella que atraviesa una etapa tardía de su vida. Su forma nos ayuda a reconocerla; su naturaleza nos obliga a cambiar de escala y de lenguaje.
El nombre, además, conserva una pequeña historia cultural. Para comprender por qué una nebulosa recuerda a una jarra Toby, necesitamos saber qué era ese objeto y qué lugar ocupaba en la tradición inglesa. Sin esa referencia, el apodo pierde parte de su sentido.
Algo parecido sucede con los nombres que nacen de una experiencia personal. No siempre contienen una explicación científica. A veces son una forma de transportar un fragmento del mundo cotidiano hasta un lugar donde jamás esperaríamos encontrarlo.
Una jarra de cerámica y una nube de polvo estelar no tienen demasiado en común. Salvo, quizá, la imaginación de quien establece el parecido.
El menú no estaba escrito en las estrellas
Una hamburguesa, un chivito, un huevo frito y una jarra inglesa. Cuatro nombres que podrían aparecer en una carta de restaurante, aunque sus protagonistas reales se encuentren a enormes distancias de nosotros.
Cada uno nos ha llevado por un camino distinto. La Hamburguesa de Gómez nos ha recordado que una interpretación científica puede cambiar cuando llegan nuevas observaciones. El Chivito de Drácula nos ha mostrado cómo dos biografías pueden encontrarse en el nombre de un objeto astronómico. La Galaxia del Huevo Frito nos ha devuelto a la fuerza de las semejanzas cotidianas. Y la Jarra Toby nos ha llevado hasta una referencia cultural que quizá no habríamos comprendido sin conocer su historia.
No son solo nombres graciosos. Son pequeñas cápsulas de memoria.
A veces contienen una descripción de lo que vemos. Otras veces, un apellido, un lugar de origen o una imagen que alguien lleva consigo desde la infancia. Y, en ocasiones, conservan una referencia cultural que quizá ya no resulte tan evidente para quienes llegan después.
Los nombres que damos al cielo hablan de lo que somos, de dónde venimos y de las cosas que nos importan.
Y, de vez en cuando, también de lo que nos gustaría comer.
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Para seguir explorando
Bujarrabal, V., Young, K. y Fong, D. (2008). “Gomez's Hamburger (IRAS 18059-3211): A pre main-sequence A-type star”. Astronomy & Astrophysics, 483, 839–845.
https://doi.org/10.1051/0004-6361:20079273
Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA). (7 de enero de 2026). “A ‘Cosmic Hamburger’ Offers New Clues to Giant Planet Formation”.
https://www.almaobservatory.org/en/press-releases/a-cosmic-hamburger-offers-new-clues-to-giant-planet-formation/
NASA. (23 de diciembre de 2025). “NASA’s Hubble Reveals Largest Found Chaotic Birthplace of Planets”.
https://science.nasa.gov/missions/hubble/nasas-hubble-reveals-largest-found-chaotic-birthplace-of-planets/
European Southern Observatory (ESO). (2013). “A Close Look at the Toby Jug Nebula”.
https://eso.org/public/spain/news/eso1343/
Sobre NGC 7742: Constellation Guide, “Fried Egg Galaxy (NGC 7742)”.
https://www.constellation-guide.com/fried-egg-galaxy-ngc-7742/
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