La Luna que creció al salir



¿Has visto alguna vez una Luna enorme salir por el horizonte?

Parece imposible que quepa en una fotografía.

La ves sobre los tejados, entre los árboles o detrás de las montañas. Es una Luna desmesurada, demasiado grande para aquel cielo. Durante unos instantes parece estar mucho más cerca de nosotros.

Entonces sacas el móvil.

Haces la foto.

Y llega la sorpresa: la Luna no parece tan grande como la estabas viendo.

Tu móvil no ha fallado.

Tampoco tus habilidades como fotógrafo.

La Luna tampoco ha cambiado de tamaño.

Acabas de encontrarte con uno de los fenómenos más curiosos de nuestra percepción: la ilusión lunar.

La Luna tiene un diámetro aparente de aproximadamente medio grado. Cuando está cerca del horizonte y cuando la vemos mucho más alta en el cielo, su tamaño angular es, a efectos prácticos, prácticamente el mismo.

Entonces, ¿por qué parece enorme cuando sale?

Aquí es donde la historia deja de estar en el cielo y empieza a estar en nosotros.

Nuestro sistema visual no funciona como una regla. No se limita a registrar tamaños y distancias: interpreta lo que ve.

Cuando la Luna está cerca del horizonte, aparece dentro de una escena. Hay edificios, árboles, montañas y otros elementos que proporcionan claves de profundidad y escala. El paisaje nos ayuda a construir una representación del espacio que tenemos delante.

Y esas claves pueden modificar la manera en que percibimos el tamaño de la Luna.

Pero aquí aparece una de las partes más interesantes de la historia.

Todavía no existe una explicación única y definitiva para la ilusión lunar.

Los investigadores han propuesto diferentes mecanismos relacionados con la percepción del tamaño, la profundidad, el contexto visual e incluso con la posición de nuestros ojos y la manera en que construimos perceptivamente el espacio.

El paisaje parece desempeñar un papel importante.

Pero no lo explica todo.

De hecho, la ilusión puede producirse incluso cuando las referencias del horizonte son escasas. Y también se ha estudiado utilizando pinturas y fotografías de paisajes: determinadas características de la escena pueden hacer que una Luna del mismo tamaño angular sea juzgada como mayor.

Eso resulta especialmente interesante para quienes hacemos fotografías del cielo.

Porque significa que una imagen no es solamente un registro de lo que hay ahí arriba.

La propia escena puede participar en la forma en que percibimos aquello que estamos fotografiando.

¿Y la atmósfera?

Cerca del horizonte, la luz de la Luna atraviesa una cantidad mayor de atmósfera. La refracción puede deformar ligeramente su imagen y hacer que parezca algo achatada.

Pero no convierte la Luna en una gigantesca esfera.

Ese efecto atmosférico es real, pero demasiado pequeño para explicar la enorme diferencia que sentimos entre una Luna en el horizonte y otra situada en lo alto del cielo.

Así que puedes hacer un pequeño experimento la próxima vez que encuentres una Luna aparentemente gigantesca sobre el paisaje.

Mírala entre los dedos de tu mano, a brazo extendido.

Después haz lo mismo cuando esté alta en el cielo.

La Luna seguirá ocupando prácticamente el mismo ángulo en tu campo de visión.

Y, sin embargo, quizá sigas sintiendo que la primera era mucho mayor.

Ahí está lo extraordinario.

Ver no consiste únicamente en recibir información de nuestros ojos. También consiste en interpretarla.

La cámara mide.

Nuestros ojos perciben.

Y entre ambas cosas hay un cerebro intentando construir una explicación coherente de lo que tiene delante.

Por eso una fotografía puede mostrarnos una Luna aparentemente normal después de que nuestros ojos hayan jurado que acababan de contemplar una Luna gigantesca.

No es que nuestros ojos hayan visto mal.

Es que ver es mucho más que mirar.

Y quizá esa sea una de las pequeñas lecciones que nos regala la astrofotografía.

Miramos.

Nos sorprendemos.

Fotografiamos.

Y después descubrimos que aquello que creíamos estar observando también dependía de nosotros.

La próxima vez que veas una Luna enorme levantándose sobre el paisaje, no tengas tanta prisa por corregirla.

Quédate un momento.

Mírala.

Porque allí arriba no solo está la Luna.

También está ocurriendo algo extraordinario aquí abajo: un cerebro humano intentando comprender lo que sus ojos le están contando.

Presta atención.

Asómbrate.

Y cuéntalo.



Referencias 

Kaufman, L. & Kaufman, J. (2000), PNAS, Explaining the moon illusion. 

Experimentos sobre tamaño y distancia percibidos; referencia fundamental. DOI 10.1073/pnas.97.1.500. 

Plug, C. & Ross, H. E. (1994), Perception, The natural moon illusion: a multifactor angular account. 

Revisión experimental que defiende una explicación multifactorial y cuantifica el efecto. DOI 10.1068/p230321. 

Kovács, Z., Udvarnoki, Z., Papp, E. & Horváth, G. (2021), Proceedings of the Royal Society A, Psychophysical study of the moon illusion in paintings and landscape photos. 

Especialmente interesante por su relación directa con imágenes y paisaje. DOI 10.1098/rspa.2020.0737. 

Rudrauf, D. et al. (2020), Journal of Theoretical Biology, The Moon illusion explained by the Projective Consciousness Model. 

Propuesta contemporánea que intenta integrar los diferentes efectos mediante un modelo computacional y realidad virtual. DOI 10.1016/j.jtbi.2020.110455. 

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